Ciertamente la nuestra es una época predominantemente visual, el sentido y el auge cada vez más creciente que adquiere la comunicación por imágenes en nuestro entorno es algo que ni siquiera nos sorprende ya -tan habituados estamos a ello que nos parece simplemente natural. No se trata sólo de la imagen animada de la televisión, del cine o el video, sino también de la imagen fija (pensemos solamente en el potencial informativo que despliega la fotografía en la prensa diaria).
En un universo cada vez más mediatizado por lo que ha venido en llamarse "la cultura de la imagen" no deja de resultar paradójico la capacidad "ambivalente" que se la otorga a aquélla: instrumento de intercambio y comunicación, lo es también de dominación ideológica; con la misma facilidad se presenta como aventajado medio de conocimiento de la realidad que como simulacro alienante de ésta. Sabemos que la imagen no solamente informa, también moviliza, expresa actitudes o ideas sobre lo representado, etc., no obstante, la ilusión de inmediatez generada por la propia imagen (que enmascara el trabajo del emisor y del receptor) contribuye a descalificar también la condición del mensaje como tal, potenciando su "efecto de realidad". Así, la imagen tendería cada vez más a suplantar aquella realidad de la que, supuestamente, no es más que una experiencia vicaria, como dice Santos Zunzuneguí:
reflejo especular de los aspectos aparienciales de la realidad. Y en el mejor
de los casos como una "duplicación" de aquélla. Hasta el punto de que
muchas veces no suele ser fácil distinguir la realidad de la imagen de la
imagen de la realidad"
En: Txema Franco Iradi
http://www.ehu.es/francoiradi/DOCENCIA/APUNTES/ARCHIVOS_PDF/Teoria_de_la_%20representacion.pdf
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